viernes, 30 de marzo de 2012

Cosas de Eric Clapton (o por qué narices me dio por tocar la guitarra)

Una de las cosas que creo que definen mucho los gustos musicales de una persona es lo que ha venido escuchando desde pequeño. En mi caso, concretamente, las cintas que escuchaba cuando iba en coche han tenido mucho que ver. Hay tres que recuerdo que siempre me llamaron mucho la atención: una recopilación de un programa llamado "Esta noche cruzamos el Mississippi", el Disco Rojo de los Beatles (una de esas historias que merecen una larga entrada para ellas solas" y "Time pieces vol II" de Eric Clapton. De este último, que es el que nos ocupa hoy, me alucinaban bastante canciones como Layla, Knockin' on Heaven's door, Lay down Sally, I shot the sheriff o Wonderful tonight.


Un día años después, creo que estaba en segundo o tercero de la ESO, me puse ese CD mientras hacía los deberes de matemáticas y empecé a darle vueltas a la idea de aprender a tocar la guitarra. Ese mismo año, lo intenté con una guitarra clásica de mi madre y un libro (sin éxito), y desde entonces hubo un par de intentos (sin éxito) más, uno de los cuales anda por los archivos de este blog de principios del verano pasado. Pero si hay algo que me caracteriza, eso es la insistencia (también conocida en mi casa como "¡Ya está el martillo pilón!"). Este verano decidí que de aquí no pasaba la cosa, conseguí una guitarra acústica por Reyes y empecé a dar clases. Y hasta aquí la apasionante y cacofónica (por mi parte) historia.



Una  vez soltado el rollo tártaro, os preguntaréis a qué ha venido todo esto. Pues a que hoy cumple años Eric Clapton, y por mi parte, la cosa se merece un pequeño especial de esos que me da por hacer de vez en cuando.



Empezamos fuerte, con una de esas canciones que te dejan los pelos de punta hasta que pareces un puercoespín. El que mi madre me contara la historia detrás de la canción fue lo que hizo que me empezara a aficionar a las curiosidades musicales.



Ahora pasamos a la que (según yo, lo que lo convierte en un hecho impepinable e indiscutible) es una de las cosas más achuchables que puedan existir (¿Canción achuchable? Dí que sí, Elena... Menos mal que no me dedico a la literatura).





Ya que he empezado con la icónica con Derek and The Dominos, también toca la imprescindible con Cream. Sí, Cremita de la buena (y un redoble de tambor de esos de broma mala, por favor. Madre de Dios, hoy estoy sembrá).



Una brutalísima de mi lista de favoritas personales.


Sabiendo lo que me flipan los Beatles, esta no podía faltar. La verdad, es que cuando hace unos cuatro años me puse a curiosear y me enteré de que era él quien tocaba la guitarra en esta canción, solo pude pensar que todo encajaba.


Y por último, mi versión preferida del enooooooooorme temazo Yer blues, una de esas canciones que plantifico por todas partes siempre que tengo la oportunidad. 

Pues ahora sí, esto fue todo. Lamentablemente, no hay premio de ningún tipo para quien haya aguantado leyendo hasta el final del tostonazo. ¡Hasta la próxima!






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