lunes, 18 de junio de 2012

Pequeña odisea post-Springsteen

Ayer seguí manteniendo bien alto el listón de vacaciones y estuve viendo a Springsteen en el Bernabéu. Su-bli-me. Si alguno de los allí presentes dudaba de por qué le llaman The Boss, quedó despejada desde el segundo 1. ¡Vaya directo que gasta! Ya contaré mañana en condiciones cómo fue la cosa, porque todavía estoy intentando dejar de cantar y porque el calor y la falta de sueño me impiden escribir algo mínimamente coherente. 

De momento, explicaré lo de la falta de sueño, porque está relacionado y tiene su telita.   

El concierto acabó poco antes de la una y media. Llegué a mi casa a las tres y cuarto pasadas. ¿Por qué?
a) Un mago.
b) Bajé las gradas corriendo cual exhalación, me abalancé sobre Springsteen, me agarré cual lapa a su pierna y los de seguridad tuvieron que soltarme con palancas.
c) Conseguí unirme a la E Street Band pero me echaron a patadas (literalmente) antes de que pasara una hora, ya que soy absolutamente incapaz de tocar ningún instrumento y mucho menos de cantar como una persona.
d) Metro de Madrid.

A quienes hayáis contestado "d", ¡felicidades, acabáis de ganar un perrito piloto!
A quienes hayáis contestado "b", ya me gustaría, ya...

Resulta que yo salí del concierto feliz de la vida pensando que a esa hora, pillaría el metro sin problemas. ¡Inocente de mí! Toooooodas las puertas de Santiago Bernabéu estaban cerradas, así que nos juntamos unos cuantos corriendo para intentar cogerlo en Nuevos Ministerios. Sin éxito. Era imposible coger un taxi ahí, ya que la gente los estaba cogiendo a la altura del estadio. Pues a esperar al búho para ir a Cibeles y luego allí coger otro para ir a casita. Esta fue la buena, pero antes tuvimos que dejar pasar tres autobuses llenos de gente que los había cogido (de nuevo a la altura del estadio). Y mientras tanto, yo, que era la única de la parada que sabía cómo iban los autobuses nocturnos, dando explicaciones al personal como si fuese una guía turística.





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