lunes, 5 de junio de 2017

Alien: Covenant (eran pocos aliens y se puso a criar el androide)

Ya había hecho entradas por aquí hablando del resto de películas de la saga, así que aquí va también con retraso la correspondiente a Alien: Covenant. Pero antes empezar a soltar material, aviso como siempre que hay peligro gordo de spoilers.










¡Ojo, más abajo hay potenciales spoilers! ¡Danger, danger! ¡Peligro! ¡Ojospoilers! ¡Achtung baby!









Bueno, ahora que ya no se me puede linchar, vamos al turrón.
En esta entrega tenemos una nave de colonización que se dirige a un planeta allá tomando la segunda salida pasado Mordor, así que anda todo el mundo en criosueño y el que se encarga de las cosas es Walter, un androide igualito que David pero sin la afición por Lawrence de Arabia, el tinte rubio y el pulsar botones. Ya de primeras, los sistemas de la nave acaban hechos cisco, el Capitán acaba hecho churrasco y hay que despertar a la tripulación para arreglar el estropicio. Que vaya panda de ceporros, esos me oyeron decir que no se podía ser más incompetente que los de Prometheus y se lo tomaron como un reto. 
Deciden bajarse en un planeta que les pilla cerca, no se les vaya a acabar la gasolina en el camino, así sin saber nada del lugar. Y esa su idea más inteligente en toda la película, para que veáis el percal. Y claro, pasa lo que pasa, que acaban siendo pasto de aliens, que los bichos tampoco es que se tengan que esforzar mucho porque a esta gente de pocas luces les dejas y ya se matan ellos solos, que solo les falta la música de Benny Hill. El único al que le da la neurona para respirar sin tropezarse es Walter, que además es una majura de androide.
Y en el planeta en cuestión, si hay aliencillos, pues sospechamos que también hay alguien más. Efectivamente, anda por ahí David, que ahora tiene como referente estilístico a Iggy Pop y ha añadido a la lista de hobbies que le conocíamos el genocidio de Ingenieros, la disección de humanos, la cría de aliens y dar besos grimosos. Al angelito solo le falta escuchar reggaeton sin auriculares. 
La cuestión es que después de mucha tensión y de mucho pensar que no pueden ser tan tontos como par... vale, lo fueron, solo sobreviven una chiquina con el pelo tazón y el piloto; y David se cuela en la nave con unos embriones de alien para montarse el zoo mientras el personal duerme.

Como en el caso de Prometheus, es una película disfrutable haciendo el esfuerzo de creerte que exista gente así de zarpas, aunque me pareció menos bonita visualmente, y se da mucho al comentario jocoso si el entorno lo permite.


Y para cerrar, os dejo con esta pieza de música porque David además de todo, tiene buen gusto musical, afición por hacer las cosas a lo grandioso y un sentido del humor retorcido.




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